
El otro día, mirando distraidamente los diarios en Internet, todos menos El Plural de Sopena y Público, que la ecuanimidad tiene sus límites, mirando distraidamente decía tropecé con unas fotos de una miembra del Gobierno que ha significado para mí lo que el camino de Bagdad para Saulo: una R-E-V-E-L-A-C-I-O-N.

Allí estaba ella, recien operada, con unos ojos llenos de modestia, una sonrisa dulce, una inclinación de cabeza que trasmitía serenidad y a la vez tensión sexual. Nunca había reparado en ella. Quizá su discreción y su prudencia funcionan como una niebla protectora de su natural pudor y modestia. Quizá, lo más probable, es que se esté preguntando a sí misma: ¡qué hago yo en este gabinete de gárgolas, necios y vendedores de crecepelo!. O tal vez esté añorando el verdadero amor, el que sólo un hombre de principios morales firmes podría darle. En fin, reconozco que me he quedado balbuciendo un no se qué y he decidio escribir este post en su homenaje. A partir de hoy, renuncio a Bibiana que al lado de Beatriz, ¡qué nombre, amigos!, no pasa de ser una chacha vestida de MAssimo Dutti. Y sino miren las fotos que ilustran esta nota. ¿Tengo o no tengo razón?
PD: Arantza sigue estando en mi corazón que según para qué soy más liberal o más conservador.


