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viernes, 1 de febrero de 2008

Teoria política (2)


Mi cordial antagonista, el sedicente "anónimo de siempre" me envió ayer un comentario que merece un comentario además de una lectura. Quiero destacar de todo el texto una idea que me ha parecido de un elevado interés. Me refiero a la propuesta del voto negativo.
Brillante aportación a la gestión de la cosa pública y, no cabe duda, con enormes posibilidades para el desarrollo de eso que podríamos llamar "reingenieria democrática", entendiendo como tal todas aquellas aportaciones que conducen a la mejora contínua de la vida de nuestros conciudadanos y conciudadanas y de la nuestra propia.
Pero esta propuesta de mejora de mi amigo de ningún modo es incompatible con mis propuestas de voto pondero-fraccionado. De en trada recoradrán que yo mismo contemplaba la posibilidad del voto negativo (Ej. Pepiño y Joseluis). Si bien en mi propuesta el voto negativo es ad hominem y podría decirse que es negativo per se, obligatoriamente negativo dada la condición negativa del portador del voto. De este modo, el castigo del voto negativo recae directamente sobre la opción política que el minusvotante prefiere. Algo así como quien bien te quiere te hará llorar pero sin querer. Y tal cosa ocurre como consecuencia de que consideramos que cualquier cosa que elija ese individuo debe ser puesta en cuarentena. Es decir, perjudica a su opción aunque su intención sea favorecerla. Sencillo, ¿no?.
El voto directamente negativo es un voto proactivo, de castigo directo y de atribución directa. Un voto volitivo en suma. El portador depositante del voto negativo toma partido de modo militante en contra de la opción a la que negatovota. Adviértase el matiz, en este caso te voto para castigarte; en el anterior, te castigo por votarte. Representa un grado más en la escala de la responsabilidad social y democrática. Cualquier idiota puede tener un voto con sesgo negativo del tipo que yo proponía en mi post anterior. Sin embargo, no todo el mundo está capacitado para ser votante de voto negativo.
Si bien ambas opciones no tienen porque ser excluyentes. En casos bien seleccionados, yo mismo, Mon Amour, el citado "anónimo de siempre", Jessica Biel, Primavero, Manuel Pizarro, y tantos otros, podrían tener su propio voto ponderado, 1,7, además de su capacidad de voto negativo. Observen que interesante oportunidad a la excelencia abre este panorama del votante doble. Y quede claro que no creo que aquellos a los que cito como posibles dobles votantes vayan a negatovotar igual que yo. Bueno, este marzo casi seguro que sí pero bueno.
Algunos de ustedes quizá desconfíen de esta fórmula y yo les digo: No desconfíen. Y no digo más. Creanme, es una mejora importante cuyas dificultades de implementación son poco relevantes ante la enorme riqueza de posibilidades que se abren ante nuestros ojos de ciudadanos portadores de derechos y libertades individuales.

martes, 29 de enero de 2008

Teoría política (1)


Creo que era Max Weber quien dijo que "la grandeza de la democracía estriba en la pequeñez de los ciudadanos y en la insignificancia de los políticos". Pues bien, a pesar de que el amigo Weber no es uno de mis autores favoritos, prefiero a Chandler, hoy estoy de acuerdo con él. Y no es sólo por pensar que 400 euros es una cantidad ofensiva por mi voto o porque ya no esté en edad fertil. Estas dos circunstancias me hacen valorar en muy poco la oferta del gobierno socialista a cambio de mi voto para seguir haciendo fechorías otrs cuatro años.
Citaba a Weber. Al hilo de una relectura he caido en la cuenta de la pésima organización de nuestro sistema electoral. Me refiero a esa falacia insostenible pero cara al igualitarismo progre de "un hombre, un voto". Esta fórmula nos ha llevado a situaciones como la actual y, o mucho cambian las cosas, o vamos a peor.
Yo soy partidario más bien de lo que llamaríamos la democracia unipersonal ponderada. Propongo acabar con el automatismo aburrido de que un ciudadano cuente como un ciudadano toda su vida. Para ello debieramos tener la posibilidad de asignar votos con sesgo positivo o negativo. Por ejemplo, una persona sensata, amable, educada y culta como yo mismo, debe tener un voto ponderado de 1,3 por ejemplo. Una ciudadana tan fina y tan elegante como Ana Gª Siñeriz debe tener 1,5. Un señor tan inteligente y tan buen escritor como Fernando Savater, 1,9. Mis corresponsales Mon Amour o el "anónimo de siempre", 1,7. La Fallarás podría haber empezado el año con 1, 5 como la Siñeriz pero como en los últimos artículos del ADN desbarra un poco, una comisión nacional de asignación de sesgo le bajaría a 1,2. Caldera tendría 0,9; Zaplana igual. En algunos casos se contemplaría la posibilidad del sesgo negativo. Por ejemplo, Pepiño y ZP tendría un voto de -1,2 y -1,9 respectivamente, por mentirosos y maleducados. Soy consciente de que este tipo de votación complicaría un poco los escrutinios pero el resultado final se ajustaría mejor a las auténticas voluntades ciudadanas, o eso creo yo. Además con la ventaja adicional de que al tardar la tira en proclamar ganadores, se prolongaría la situación de sede vacante con el consiguiente ahorro en tonterías gubernamentales. Incluso sería posible, en aquellos casos de elecciones con muchos decimales, que para cuando supiéramos quién era el ganador ya habría que ir a votar otra vez y habriamos pasado 4 años sin gobierno.
En fin, es tarde y tengo un poco de sueño y esta teoría merece ser desarrollada de manera más extensa y profunda con la cabeza descansada. Pero aquí lo dejo a vuestra consideración.