Por su gran interés pego aquí el comentario que mi anónimo amigo me envía. Con su habitual agudeza y su no menos habitual modo de llevarme la contraria.

A pesar de la aparente discrepancia me temo que, una vez más, estoy de acuerdo con él en muchas de sus afirmaciones. Señalo las más notables y apunto alguna discrepancia.
En efecto, la gestión de la salud es un arma de control social. Añado yo, y creo que él no lo cita, la importancia de la industria de la salud: desde la ingeniería y electromedicina - scanner, Resonancia magnética, equipos quirúrgicos, acelerador, radioterapia - pasando por la industria farmaceútica y llegando hasta los balnearios, dietas, estreñimientos, medicinas alternativas. Es curioso, hasta los médicos terminan viviendo del miedo a enfermar que tenemos los seres humanos - o a morir, no estoy seguro.
También es verdad -y ahí los médicos/técnicos tienen algo que ver- que hemos patologizado la vida. Ahora cualquier menestral, cuando está cansado dice que está depre o si la parienta no le atrae consulta por disfunción erectil. Me viene a la cabeza el recuerdo de mi padre -que no hizo más que trabajar toda su vida como un cabrón- que cuando estaba de bajón decía: "tengo mala correa". ¡Qué suerte!. Yo en la misma situación estoy en una fase de mi ciclotimia.
También tiene razón, la desconfianza debe ser la regla ante cualquier grupo de poder. De hecho la única postura digna del ser humano es la resistencia al poder y al poderoso, incluso cuando sea al que hemos votado. Sólo por el hecho de ganar y mandar ya debe ser objeto de crítica y de profunda prevención.
Pero me permito romper una lanza a favor de los médicos. A lo largo de mi vida, entre ellos he conocido a los seres humanos más tolerantes, comprensivos y entregados que se pueda imaginar. Me responderá que en otros lugares también los hay. Seguro. Pero, si alguna vez ha estado enfermo de cierta gravedad o alguien querido lo ha estado, convendrá conmigo en la necesidad de encontrar al lado un "técnico" que sea capaz de trasmitir esa fuerza, esa confianza, esa serenidad que nos ayude a aceptar la derrota del dolor y la muerte. Y, perdóneme si asomo la puntita de la oreja freudiana al describir casi sin disimulo una figura paterna. Como si no hubiese quedado claro ya un poco más arriba cuando he citado a mi padre. Sé que aquello que dijo Ud. de su padre era una boutade. En realidad lo que no le ha perdonado es el no haberle hecho sentir que sigue siendo el rey del universo a pesar de haber cumplido ¿los 30?. Un abrazo.


PPD: Toda cara tiene su cruz. Nuestro airoso correcaminos utiliza esta bella palabra para sus