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domingo, 18 de noviembre de 2007

Brave new world


Por su gran interés pego aquí el comentario que mi anónimo amigo me envía. Con su habitual agudeza y su no menos habitual modo de llevarme la contraria.



Disculpe que siga con lo mío señor Docwall, pero debo insistir en que las prestaciones públicas son un asunto esencialmente político en el sentido más estricto (afectan y son sufragadas por los ciudadanos, la polis) y en que la voz de los técnicos no es necesariamente la más autorizada, (podría parafrasearse aquí la famosa frase de Clemenceau acerca de que la guerra es demasiado importante para dejarla en manos de los generales); máxime en este caso en que un experto en medicina no tiene por qué serlo en gestión sanitaria.Concretamente, la cuestión de centralización o no de la prestación es únicamente política: se trata de guerras entre gangs por el control de unos recursos que pueden garantizar la fidelidad de los votantes o, como bien dice, usted el progreso económico de los miembros de la familia y sus asociados. Y, sobretodo, es una cuestión política porque, más allá de enfrentamientos partidarios, la sanidad pública es un instrumento de control social, como la justicia/policía y la educación (no es casualidad que las citen juntas), sólo que más poderoso y subrepticio y, para mi sensibilidad, el más despreciable e irritante.Le recomiendo la lectura de la constitución de la OMS donde ,ya en 1946, se define la salud como el “estado de completo bienestar físico, mental y social”.Es decir, la insatisfacción, la discrepancia, la heterodoxia ya no son ideológicas, existenciales o filosóficas sino patológicas. El ciudadano pasa a ser paciente y, por tanto, susceptible de tratamiento, perdiéndose en el camino, o debilitándose en gran medida, la idea de libertad como fundamento del hecho de ser humano. Es decir, preparando el camino para un Brave new world. En mi opinión, éste y no otro (el hecho de que la concepción actual de salud es un instrumento de poder) es el auténtico motivo por el cual hay tantas instancias interesadas en participar en su control.Dirá usted que exagero, pero me permito sugerirle que considere cuántas veces ha oído referirse como actos de enfermos, al abuso de drogas, el maltrato doméstico, el asesinato, la angustia vital, el palo que da volver de vacaciones, etc. Igualmente, observará que hay tratamiento para todo, hasta el punto que podría definirse una detalladísima forma canónica de existencia, lo que es incompatible con la concepción de libertad como facultad de ser uno mismo.También me permito alertarle de la trampa semántica en la que cae al plantear que los políticos se ocupan de “su” salud, en lugar de, por ejemplo, garantizarle la asistencia sanitaria. Es la siguiente y natural vuelta de tuerca: una vez que se ha sustituido la libertad y la búsqueda de la felicidad por la salud como ideal, se asume que corresponde al Estado proporcionárnosla.En definitiva, si normalmente hay que desconfiar del estado y su aparato (los colegios profesionales lo son), en este caso la prevención debería llevar a considerar espuria la motivación de cualquier cosa que digan o hagan.



A pesar de la aparente discrepancia me temo que, una vez más, estoy de acuerdo con él en muchas de sus afirmaciones. Señalo las más notables y apunto alguna discrepancia.

En efecto, la gestión de la salud es un arma de control social. Añado yo, y creo que él no lo cita, la importancia de la industria de la salud: desde la ingeniería y electromedicina - scanner, Resonancia magnética, equipos quirúrgicos, acelerador, radioterapia - pasando por la industria farmaceútica y llegando hasta los balnearios, dietas, estreñimientos, medicinas alternativas. Es curioso, hasta los médicos terminan viviendo del miedo a enfermar que tenemos los seres humanos - o a morir, no estoy seguro.
También es verdad -y ahí los médicos/técnicos tienen algo que ver- que hemos patologizado la vida. Ahora cualquier menestral, cuando está cansado dice que está depre o si la parienta no le atrae consulta por disfunción erectil. Me viene a la cabeza el recuerdo de mi padre -que no hizo más que trabajar toda su vida como un cabrón- que cuando estaba de bajón decía: "tengo mala correa". ¡Qué suerte!. Yo en la misma situación estoy en una fase de mi ciclotimia.
También tiene razón, la desconfianza debe ser la regla ante cualquier grupo de poder. De hecho la única postura digna del ser humano es la resistencia al poder y al poderoso, incluso cuando sea al que hemos votado. Sólo por el hecho de ganar y mandar ya debe ser objeto de crítica y de profunda prevención.

Pero me permito romper una lanza a favor de los médicos. A lo largo de mi vida, entre ellos he conocido a los seres humanos más tolerantes, comprensivos y entregados que se pueda imaginar. Me responderá que en otros lugares también los hay. Seguro. Pero, si alguna vez ha estado enfermo de cierta gravedad o alguien querido lo ha estado, convendrá conmigo en la necesidad de encontrar al lado un "técnico" que sea capaz de trasmitir esa fuerza, esa confianza, esa serenidad que nos ayude a aceptar la derrota del dolor y la muerte. Y, perdóneme si asomo la puntita de la oreja freudiana al describir casi sin disimulo una figura paterna. Como si no hubiese quedado claro ya un poco más arriba cuando he citado a mi padre. Sé que aquello que dijo Ud. de su padre era una boutade. En realidad lo que no le ha perdonado es el no haberle hecho sentir que sigue siendo el rey del universo a pesar de haber cumplido ¿los 30?. Un abrazo.

jueves, 15 de noviembre de 2007

"¿Quién te va a querer más que yo?" dijo Bernat Soria

Los técnicos, Los técnicos, Los técnicos, Los técnicos, Los técnicos, Los técnicos, Los técnicos, Los técnicos, Los técnicos, Los técnicos, Los técnicos, Los técnicos, Los técnicos, Los técnicos....

Tecnico/a, el/la: 3. m. y f. Persona que posee los conocimientos especiales de una ciencia o arte.
(DRAE, 20 Edición)


La alternativa son éstos de las fotos y sus criterios de planificación de MI salud. Lo siento, no me inspiran ninguna confianza.





Querido anónimo: (Ver su comentario, muy recomendable). Las autonomías dedican cifras que varían desde alrededor de 900 euros hasta los 1.300 euros por cabeza, cifras de 2004 del Ministerio de Sanidad. La descentralización ha servido para crear una burocracia y una casta política, supongo que en todas las autonomías ha sido igual, que según quien mande suben y bajan en el organigrama pero nunca se apean. Hasta donde conozco, lo que tengo cerca, no son los más listos de su barrio aunque sí lo sean para mantenerse en el incierto galopar de esta España que se rompe, como dice Ud., que yo no se si se rompe pero es cada día un poco más desigual, un poco más zafia y un poco más insolidaria.

Le doy la razón en lo de que meterse a criticar la justicia y la educación es una tonteria. Cada palo que aguante su vela y éso que lo critiquen los maestros, los abogados y los jueces.

Pero en lo que se refiere a la medicina, amigo, ésto es un desastre. Le pido disculpas por contestar tarde y escaso. La falta de tiempo pero le prometo que haremos un pequeño serial para debatir el asunto si Ud, quiere. Lo del carrefour, podemos hablarlo, en los USA los medicamentos se venden en el super, creo.

lunes, 10 de septiembre de 2007

De aquí a la eternidad


Está de moda hacerse tatuajes. Estos días de vacaciones en el sur he vivido una apoteosis de cuerpos desnudos salvo por los grafitis que adornaban sus epidermis. Es curioso pero hacen un efecto de vestido en el desnudo que de alguna manera ponen a salvo el pudor que, en alguien tan antiguo como yo, es un reflejo condicionado. No soy muy partidario aunque dan mucho juego en las pelis de polis y forenses para identificar cadáveres o incriminar al malo cuando alguien recuerda que tenía un tatuaje en tal que así. O sea, que literarios sí pero atavismo también. La cosa de perforarse, rasgarse, escarificarse, quizá sea un tributo que debamos pagar al multiculturalismo que viene de las islas Tonga o cercanías. Ojo que no sólo, pensemos en los musulmanes esos que se den cortes en el cuero cabelludo para recordar a un profeta o, ya más de aquí, a los “picaos” de San Vicente de la Sonsierra. En mi opinión son primos hermanos en su irracionalidad.Pero qusiera acercaros a otro punto de vista. Hablo de los tatuajes.

El otro día me fijé que mi peluquero llevaba en el cuello unas letras en caracteres árabes. No sé si era una sura o simplemente “Pepi te amo”. Probablemente él no lo sabía tampoco y además le daría lo mismo. La decisión de tatuarse esas letras estará en relación con la apariencia, con la belleza de las líneas y, me temo, con una cierta inconsciencia que nos lleva a sonreir al verdugo en el momento que levanta el alfanje. Pero centrándonos en el argumento de la belleza, ¿no son extraordinariamente bellas las líneas de las letras de la caligrafía inglesa?. Pues a pesar de ello. Son bellas, podríamos leer y entender lo tatuado, forman parte de nuestra cultura, algunos de nosotros -tempus fugit- hasta sabemos escribirlas, verdad querido A.A… quizá por todo ésto preferimos las otras letras, las de mi peluquero.







Mi consejo final: niños, niñas, no os hagais tatuajes que no deja de ser una práctica bárbara a medio camino entre el interiorismo y la mutilación ritual. A largo plazo son fuente de serias infecciones y, sobre todo las chicas con esos tatuajes tan cucos que se hacen en la rabadilla, pagarán dolorosas consecuencias cuando a la hora del parto, que algún día llegará, no se les pueda administrar anestesia epidural por culpa de la tinta del tatuaje. Ojo niñas y feministas varias, mientras tu pareja no pueda sustituirte en el parto, y no parece que de momento se vislumbre tal cosa, que el tatuaje en la raspa se lo haga él.Tiene gracia además que una sociedad que recela del matrimonio para toda la vida se haya aficionado tanto a este tipo de decoración corporal que nos acompañará hasta más allá de la hora final. Pues si a un muerto se le puede quitar cuidadosamente la alianza no conozco ningún caso de haberle extirpado los tatuajes.



PD: Alianza, qué hermosa palabra para un hermoso símbolo. Quizá me la haga tatuar en airosos caracteres de caligrafía inglesa sobre la piel que recubre el peñasco del temporal derecho, que ahí no hay pelo y se ve bien. Sólo por incordiar.



PPD: Toda cara tiene su cruz. Nuestro airoso correcaminos utiliza esta bella palabra para sus turbios manejos. Aunque él no lo entienda, sigue siendo una bella palabra.