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jueves, 18 de diciembre de 2008

¡Es la poesía, imbecil!

Foto 1: Efectos de la lectura compulsiva de poesia amorosa en un lector con factores de riesgo

Cuando leí sus declaraciones acerca de la poesía de Gamoneda no les dí importancia. Pensé que era el comentario clásico del iletrado que se siente obligado a responder con alguna excentricidad y Gamoneda, poeta menor, lo es.
Pero hoy he leido una afirmación suya, de él, que no puedo/no debo dejar pasar. Por lo visto en la recepción con los periodistas pontificó de literatura y de poesia. Y en lugar de dejarse llevar dulcemente por la grisácea tranquilidad de defender la poesia de Gamoneda hizo afirmaciones en el sentido de que le gusta la poesia amorosa. Hasta aquí, bien. Pero se vino arriba, se creció, el coro de lameculos le animó y expelió una sentencia tal que ésta: "el mejor libro de poesia amorosa de la literatura universal, + o -, es "Los versos de Capitán" de Pablo Neruda". LO juro, señoras y señores, lo ha dicho, está entrecomillado.
No me ha extrañado en absoluto esta elección del presidente. Posiblemente este opúsculo interesante pero menor de un excesivamente prolífico poeta bueno pero no excelso y que basa su fama sobre todo en un supuesto izquierdismo que por lo visto, sus admiradores consideran garantía de buen endecasílabo, este opúsculo decía es a la poesía lo que la Para Elisa de Beethoven a la música: la pieza favorita de los superficiales y perezosos pero que intuyen que la cultura es un mal necesario y en un político un adorno de cara a la plebe.
Yo, ante este desatino, simplemente diré: Cernuda, Gil de Biedma, Salinas, Quevedo.
All the rest is silence
PD: En mi ya lejana juventud, ellas entraban a la muleta de "en noches como esta la tuve entre mis brazos" con nobleza pero debo decir que la que más me amó respondió a unas dosis de Miguel Hernández. Los cuatro de arriba son, reconozco, viático de madurez. Y ya que cito a Hernández, que alguien le diga a este cateto que era de izquierdas y que murió en la carcel de Franco y todo éso. Si hubiera citado "El rayo que no cesa" le hubiera perdonado a pesar de estar en desacuerdo.